escrito por Antonio Carrillo Ruíz y Jordi Rodríguez Díaz
Resumen:
El artículo pretende mostrar nuestra experiencia personal sobre cómo llevar a cabo un trabajo de “educación en valores”, entendidos éstos como una declaración de intenciones por parte de las personas. Dicho así queda explicado de una manera abstracta, y no se puede obtener conclusiones objetivas; pero, posteriormente, desde la reflexión, se puede conseguir unas valoraciones consecuentes.
Para que dichas ideas no se queden en una simple declaración de buenas intenciones, hay que intentar llevarlas a la práctica mediante unas actitudes concretas. Actitudes que conllevan implícitas unas normas, que valoraremos posteriormente mediante unos objetivos mínimos que se deberán cumplir.
Palabras clave:
Educación, “fair-play”, valores, actitudes y normas.
Is sport a school for values?
Abstract:
The purpose of this article is to show our personal experience on working on values education, meaning by “values” people’s statements of intentions. Though this is an abstract description, and no objective conclusions can be reached, some logical assessments can be drawn from our reflection.
In order to avoid the ideas derived from this article to become a mere statement of good intentions, we must try to put them into practice with particular attitudes. These attitudes obviously imply some rules, which we also assess by means of a set of minimum goals that need to be achieved.
Keywords:
Education, fair play, values, attitudes and rules.
Es evidente que en la sociedad de hoy en día los valores humanos que predominan son bien distintos a los de hace unas décadas y, para bien o para mal, no sabemos si se estancarán y sufrirán un retroceso o, por el contrario, no tendrán tope alguno y seguirán evolucionando negativamente. La situación actual está degenerando a un ritmo vertiginoso, sin saber a dónde nos llevará.
En este sentido el deporte, en general, y en nuestro caso el básquet, no se ha mantenido al margen de dichos cambios y también ha sufrido, de diferente forma, sus consecuencias. Es fácil escuchar al finalizar los encuentros, en los diferentes medios de comunicación, declaraciones de deportistas del tipo: “en el campo o en la pista, todo vale para conseguir la victoria”, o por ejemplo, “lo que pasó en el campo se quedó en el campo”… Además, por si no fuera poco, también es fácil ver imágenes de celebraciones de goles o canastas y victorias, un tanto desmesuradas y provocativas para “los intereses del equipo contrario” y su afición, con lo que eso conlleva implícito.
Los hechos que acontecen antes, durante y después de un encuentro de los deportes más populares en nuestra sociedad (fútbol, básquet…), tienen una gran repercusión en la vida cotidiana y, sobre todo, en la de los niños y niñas, deportistas o no, con graves consecuencias para su futura educación. Porque éstos intentarán imitar a sus ídolos en los numerosos aspectos de su comportamiento. ¿Por qué no paramos esta situación entre todos? Cada uno de nosotros debería colaborar y poner su granito de arena para conseguirlo.
El deporte, en edad escolar, debería ser en todo momento formativo y educativo, no de alta competición o de alto rendimiento. En esta etapa, es decir, durante la iniciación deportiva, el propio deporte –sobre todo, los deportes de equipo- han de intentar educar, por encima de todas las cosas, en actitudes, valores y normas a los niños/as, además de dotarles de un aprendizaje de los elementos técnicos, tácticos, físicos y psicológicos propios del mismo.
El deporte no debería verse como un medio para conseguir el éxito personal y un endiosamiento de los deportistas de elite, sino que se debería ver simplemente, como el elemento que nos permita conseguir nuestra propia superación personal y, de esta manera, contribuir al enriquecimiento colectivo. Sobre todo, en las edades de formación, tendría que ser un vehículo para disfrutar y divertirse, aspectos que, desgraciadamente, no se dan en toda su plenitud a causa de la presión social existente.
Ante estas situaciones sociales, presentamos, como reflejo de nuestra reflexión, un fragmento de un artículo de la señora Anne Cheng (autora del libro Historia del pensamiento chino) en una entrevista concedida el día 19 de agosto del 2003 al diario La Vanguardia en su sección de “La Contra” realizada por Lluís Amiguet, donde manifestaba lo siguiente:
“(…) Aunque por naturaleza somos seres solidarios y sociales, el capitalismo convierte el egoísmo en único fin de nuestra existencia. Confucio, en cambio, sostiene que somos instrumentos de la armonía social. Sólo descubriremos el auténtico sentido en nuestras vidas si las ponemos al servicio de la comunidad. Cada uno de nosotros no es el fin, sino el medio”.
En este escenario, a los componentes del equipo contrario (cuadro técnico y jugadores) y a sus seguidores no se les debería ver como el objetivo al que hay que superar y ganar; sino como a unos compañeros con los cuales disfrutamos, compartimos y aprendemos del trabajo realizado durante la semana, en un breve espacio de tiempo, los unos con los otros
Lamentablemente, es muy fácil hablar y muy difícil llevar a cabo estos objetivos. Pero, ¿qué les parecería que al premio Fair-Play se le diera más importancia de la que recibe en estos momentos? Antes de entregar la copa al campeón de la liga regular, de un torneo… debería ser otorgado el premio a la deportividad, al juego limpio… ¡Bonita palabra ésta! ¿Verdad?
¿Qué opinarían, desde un punto de vista estrictamente formativo-educativo, y no sólo del resultado deportivo, que se implantara un código ético de comportamiento entre los clubes y colegios? ¿Qué les parecería si fuera frecuente ver en los terrenos de juego situaciones como las que citamos a continuación?
- Mostrar una actitud positiva con el equipo contrario y no verlo como si fuera, simplemente, un rival a superar.
- Abandonar las instalaciones de juego, tanto en casa como fuera, con elegancia y educación, dejándolas en perfecto estado de uso para que, posteriormente, sean utilizadas por otros compañeros.
- Saludar al equipo contrario antes y felicitarlo después del partido por el esfuerzo realizado.
- Demostrar, en todo momento, un comportamiento deportivo a lo largo del partido.
- No obtener ventajas de situaciones de juego donde debería primar la deportividad.
- Evitar engañar al árbitro durante las situaciones de juego e intentar ayudarlo en su labor.
- Evitar protestar decisiones de los árbitros aunque podamos intuir que se hayan podido equivocar.
- Evitar celebraciones demasiado eufóricas y desmesuradas ante la consecución de goles, canastas o victorias en los encuentros.
- Que el público, en general, aplaudiera las buenas acciones del juego sin mirar a qué equipo pertenece el jugador en concreto.
No piensen, por un instante, que estas normas o conductas, restarían emoción, vistosidad o interés a las diferentes acciones del juego, sino todo lo contrario, que éstas se verían impregnadas de la honradez y fidelidad por aquello que amamos tanto.
En efecto, si algún día, no muy lejano, se pudieran ver actuaciones en este sentido, no sería extraño que se produjeran situaciones de juego como las que explicamos a continuación:
<< En la década de finales de los años 60, en un partido de fútbol entre dos equipos de primera división, se produjo un fuerte encontronazo entre el delantero de un equipo y el portero del equipo contrario; en el mismo, el portero cayó al suelo con un fuerte golpe. En ese momento, el delantero tuvo suficiente tiempo para lanzar a portería y lograr un gol y de esta manera, posiblemente, la victoria. Pero, ¡pensó! Y, ¿saben ustedes lo que ocurrió? Que lanzó la pelota fuera del terreno de juego para que su compañero, el portero del equipo contrario, fuera atendido por las asistencias médicas. Al jugador en cuestión le criticaron desde muchos medios de comunicación y, desde luego, por parte de su club, pero ¡qué ejemplo nos dio! ¿no es verdad? ¿Por qué no pensamos menos en la oportunidad perdida por este jugador y valoramos todo lo que consiguió ganar en ese instante? Sobre todo consiguió ganarse nuestro respeto. >>
<< No hace tantos años como la anterior anécdota, en otro partido de fútbol de 1ª división, un delantero del equipo de casa lanzó un disparo a la portería contraria y, el balón, tras golpear en un defensa, descolocó al portero y entró, consiguiendo el ansiado premio, el gol. En ese instante, mientras la afición y la casi totalidad del equipo de casa celebraban eufóricos el gol, el defensa del equipo contrario, al cual le había golpeado el balón en un golpe de mala suerte, quedó abatido sobre el césped. El capitán del equipo de casa se dirigió hacia el defensa, le tendió ambas manos en un gesto de nobleza y lo levantó dándole una palmada de ánimo en la espalda. Posteriormente, se dirigió hacia el círculo que formaban el resto de sus compañeros, que estaban celebrando el gol, y se abrazó a ellos unos instantes para, inmediatamente, recuperar su posición en el centro de la defensa. >>
Son anécdotas y lo triste es que, posiblemente, no pasen de ahí. Nos gustaría que no fuesen “las excepciones que confirman la regla”, pero sabemos que, tristemente, esto es así. No podemos tratar al equipo de cualquier manera. ¡Debemos reflexionar!
¿Cómo podríamos ayudar a mejorar esta situación desde nuestra modesta posición? Pues, la verdad, tan solo podemos atacar el problema a través de la educación general y deportiva. Y, ¿qué es educar? Educar es enseñar, dirigir, instruir, desarrollar el vigor y la inteligencia, orientar la voluntad, perfeccionar los sentidos, transmitir la cortesía y la buena urbanidad. Educar es hacer brotar las potencialidades de cada niño y, por lo tanto, de intentar descubrirlas.
Sabemos que entretener, formar, disciplinar y educar no es una tarea fácil, más bien podríamos decir que es agotadora. Por dicho motivo debemos ser conscientes que educar es un proceso lento y largo, que comporta una gran disponibilidad y una gran responsabilidad por parte del educador, en el que recae un papel muy importante. Nosotros, a lo largo de nuestro trabajo como educadores deportivos, siempre nos hemos impuesto una máxima: No podemos solicitar a nadie aquello que no estamos dispuestos a pedirnos a nosotros mismos. A pesar de ello, creemos que es importantísima la exigencia razonada del educador hacia él mismo, hacia sus pensamientos, sus convicciones y su trabajo para poder seguir evolucionando.
Posiblemente, para que dichas actitudes sean cotidianas en las pistas y campos de juego hace falta un proyecto educativo de club sólido y, sobre todo, rico en valores humanos. Pero, ¿qué es un valor? En nuestra opinión, un valor es la virtud que nos mueve a actuar en todo momento. Y, cuando actúo, implícitamente he establecido unas preferencias. Este ordenamiento efectuado da como resultado mi escala de valores. Ahora bien, hemos de reconocer que no todos pensamos igual y, por lo tanto, que cada uno tiene diferentes valores y, en consecuencia, una escala de valores distinta que hay que respetar. Los valores pueden ser positivos y negativos. Los positivos se acabarán convirtiendo, en un futuro inmediato, en virtudes del niño.
En este sentido, hemos priorizado nuestra propia escala de valores que trabajamos concienzudamente a lo largo de la temporada. Los valores presentados y trabajados son acumulativos y estarán presentes durante todo el año. Para llevar a cabo esta iniciativa os presentamos un cuadro resumen del trabajo de valores que desarrollamos en nuestra actividad con los niños (Ver tabla número 1). Cada mes de la temporada se trabaja un valor y, paralelamente, planteamos las actividades que engloba cada uno de ellos. Os podéis llegar a preguntar ¿para qué hacemos todo esto? Pues, nuestro principal objetivo es contribuir en la educación de nuestros deportistas y, por consiguiente, intentar contrarrestar la falta de valores generalizada que padece nuestra sociedad.
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EDUCACIÓN EN VALORES |
Tabla Núm.1
A modo de ejemplo, nos gustaría intentar explicar el trabajo que hemos desarrollado con el primer valor presentado en la tabla anterior. Durante el mes de octubre y antes de iniciar el entrenamiento correspondiente se introdujo la “Educación social: saludar al llegar”. Es decir, se incitó a los jugadores a saludar al llegar a la instalación deportiva a las personas que nos facilitan una buena estancia como por ejemplo (conserje, mantenimiento, limpieza…) También, se les animó a saludar, antes de lanzar a canasta, a los entrenadores-educadores y al resto de compañeros del equipo en el momento de entrar a la pista de juego. La forma cómo hacerlo pensamos que es muy personal. Creemos que cada uno puede aplicar sus métodos. Nosotros proponemos el refuerzo positivo durante todo el mes ante cualquier situación que se produzca en este sentido. Desde el give-me five, más coloquial, hasta el saludo de cortesía al entrar en cualquier estancia. Pero pensamos que cada profesional debe aportar nuevas ideas de su propia cosecha personal y generar otras situaciones propicias. En esta misma línea, durante la sesión de partido del sábado y cuando el árbitro pite los 3’ previos al inicio, instaurar el saludo a la mesa de anotadores uno por uno, al árbitro y, también, hacerlo extensivo al banquillo del equipo contrario (entrenadores y jugadores)
Otro aspecto que deberíamos controlar al trabajar los valores en el deporte es que es un tipo de esfuerzo constante. Es muy importante, para cualquiera de los valores que desarrollemos, tener en cuenta nuestra propia manera de actuar, debemos saber dar ejemplo, tanto antes, durante como después de la sesión. De la misma forma, debemos concienciarnos que el funcionamiento diario de nuestros jugadores debe ir introduciendo estos valores de forma paulatina, la rutina diaria de los niños ha de contemplar, de forma inconsciente, todo este trabajo.
Este cuadro que os hemos enseñado es tan sólo una muestra de nuestro trabajo basado en nuestra propia experiencia personal que hemos llevado a cabo en un grupo de escuela de baloncesto. Entendemos que puede ser un trabajo acumulativo, en posteriores etapas, con la introducción de nuevos valores y hábitos más cercanos al nivel de maduración de los jugadores que estemos educando.
Sabemos que la escuela no puede ser el único lugar donde se pretenda que los niños reciban los verdaderos valores de la vida. Entendemos que éste debe ser un trabajo iniciado, ayudado y apoyado desde el propio núcleo familiar. La presión social, para no prestar atención a las virtudes personales, que pueden recibir los niños hoy en día debe ser contrarrestada desde la educación.
Todos los educadores que formamos parte de esta gran familia de las escuelas deportivas deberíamos sentirnos muy responsabilizados en esta parte de la educación que nosotros controlamos. Dentro de nuestro trabajo tenemos mucho que decir. No podemos escudarnos en cualquier dificultad para no plantearnos este tipo de trabajo.
Como todo en esta vida, necesitamos de una planificación previa para poder desarrollar un buen trabajo durante la temporada. No deberíamos dejar este tema a la improvisación y sí entenderlo como parte de nuestras obligaciones formativas con los niños.
Animamos a todos nuestros lectores a experimentar en este campo con toda la ambición posible, porque pensamos que los niños realmente se lo merecen. El deporte, en sí mismo, dispone de mecanismos mediante la competición, la colaboración, el esfuerzo, el compromiso y las ganas de superarse; que inducen a los niños a recibir la educación basada en valores positivos que los van ayudar a crecer y a madurar como personas. Es por eso que no podemos quedarnos indiferentes ante este tema, sino que nos tenemos que involucrar como si estuviéramos trabajando cualquier objetivo técnico o táctico de la temporada.
Deberíamos acabar viendo el deporte como una verdadera escuela de valores.
Antonio Carrillo Ruiz
Grupo de trabajo El básquet a su medida
Av. del Norte núm. 33 1º1ª 08905 L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) 620.74.91.65 o 93.449.97.76
Entrenador Superior de Baloncesto por la Federación Española de Baloncesto (2004)
Funcionario de Carrera del Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat.
Autor del libro “El básquet a su medida. Escuela de básquet de 6 a 8 años”. Editorial Inde Publicaciones (2003)
Colaborador habitual de la revista Clinic con diferentes artículos sobre la formación del jugador.
Colaborador de la Federación Catalana de Baloncesto (colaborador de la mejora del programa técnico, técnico, profesor en los cursos de formación, charlas y conferencias, responsable del centro del programa de detección y perfeccionamiento del Barcelonés Nord, Selecciones Territoriales…)
Miembro del Comité Organizador del Congreso Internacional de Minibásquet que se celebrará en (Manresa 2006)
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