Varios estudios internacionales inciden en que cambiar estilos de vida es la mejor fórmula para alargar la vida
Envejecer es parte de la vida y como tal es inevitable, pero, tal y como vienen apuntando los últimos estudios europeos, llegar a vivir cien años es más fácil de lo que parece.
Marta Serrano Romero marta.serrano@unidadeditorial.es 18/02/2008
Investigaciones internacionales sugieren que incluso personas que contraen enfermedades cardíacas o diabetes a partir de los 65 años tienen la oportunidad de llegar a vivir un siglo. La fórmula mágica es bien sabida: realizar ejercicio físico moderado regularmente, seguir una alimentación saludable para mantener a raya la hipertensión arterial y el colesterol, y no fumar.
Por lo general se da por sentado que llegar a ser centenario se limita a aquellas personas que no padecen una enfermedad crónica.
Pues bien, William Hall, investigador de la Universidad de Rochester (Estados Unidos), cree que podría ser “gracias al control de los factores de riesgo que realizan los médicos, que atienden de forma dinámica los problemas de salud de los ancianos”, explica en el número de enero de Archives of Internal Medicine.
Para el estudio se hicieron entrevistas telefónicas y evaluaciones a más de 500 mujeres y 200 hombres que habían llegado a los cien años y hallaron que casi dos terceras partes de ellos habían evitado enfermedades notables relacionadas con la edad llevando un control de los factores de riesgo.
Hay que moverse
Es evidente que llegar a los cien años puede ser cuestión de suerte o de genética, pero “también del estilo de vida”, explica a este periódico Nieves Tarín, de la Fundación Española del Corazón.
Esta experta insiste en un mensaje ya repetido pero que no acaba de calar en la sociedad y es “practicar ejercicio físico regular siempre adaptado a cada edad”.
Una investigación publicada en el último número de Archives of Internal Medicine, y llevada a cabo por el equipo de Lynn Cherkas, del King’s College de Londres, analizó el grado de actividad física de 2.400 gemelos de unos 65 años a los que se tomó además una muestra de sangre para examinar la longitud de los telómeros (el último tramo de los cromosomas) de los leucocitos, que es un marcador de la edad biológica. La longitud de los telómeros se reduce con la edad, pero los investigadores encontraron que las personas sedentarias presentaban una longitud de los telómeros bastante menor. La relación se mantuvo tras ajustar los valores referentes al índice de masa corporal, tabaquismo, estatus socioeconómico y nivel de actividad física en el trabajo.
Según Víctor López, cardiólogo del Hospital Virgen Macarena, de Sevilla, “la evidencia científica viene a decir que nunca es tarde para mejorar los factores de riesgo”. Aunque, tanto López como Nieves Tarín coinciden en que llevar unos hábitos de vida saludable debe ser algo que se haga a lo largo de toda la vida porque si no, se corre el riesgo de no llegar sano a la ancianidad”.
De hecho, el último estudio publicado en Archives of Internal Medicine pone de manifiesto que una persona sana de 70 años, que no fume ni padezca hipertensión, mantenga un peso normal y practique regularmente alguna actividad física tiene un 54 por ciento de posibilidades de superar los 90 años en buenas condiciones. Sin embargo, estas posibilidades se reducen a prácticamente ninguna cuando empiezan a intervenir factores de riesgo perfectamente prevenibles, como el sedentarismo, el tabaquismo, la hipertensión, el sobrepeso o la diabetes de tipo 2. Por ejemplo, si pasados los 70 años no se controla ningún factor de riesgo, las posibilidades de llegar a los 90 o incluso pasarlos se reducen un 50 por ciento del 54 por ciento inicial, con lo que las posibilidades de llegar a esa edad se reducen al 4 por ciento
Fuente: http://www.correofarmaceutico.com/
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