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Actívalos desde niños

El ritmo de vida cambia conforme pasan los años y repercute de manera directa en los hábitos de niños y jóvenes. Ahora es frecuente verlos frente a la televisión o con los videojuegos. Además, cada vez es menos común que los padres e hijos se diviertan en los parques y jardines por falta de seguridad. Estos factores hacen que el estilo de vida sea más sedentario y que no se preocupen por el desarrollo de las habilidades y destrezas físicas.

Así como se elige una escuela, la ropa o los juguetes, los papás deben fomentar la práctica de un deporte de manera gradual para satisfacer las necesidades de juego, pero también las de salud y socialización.

“Las mejores opciones para sus hijos son aquellas actividades que fomenten las capacidades manuales, la agilidad, el equilibrio, la coordinación.

“Tiene que ser un deporte que fomente el desarrollo sicomotor y las habilidades de integración interpersonales y sociales”, explica Joaquín Marbán, jefe de la unidad de sicología clínica de la Universidad Panamericana (UP).

El primer paso a seguir es conocer los gustos de los hijos, las capacidades de su cuerpo conforme a su edad y las posibilidades de práctica, además de considerar su tipo de personalidad.

“Al niño hay que inculcarle desde pequeño el realizar deporte o una actividad física, que no necesariamente impliquen competición. Los papás pueden rastrear algunas opciones que le puedan gustar al pequeño y que se adapten a su carácter y habilidades, sin forzarlo.

“Un niño pasivo no se inclinará por un deporte de contacto. Si son introvertidos, les vendrá bien las actividades grupales”, asegura el académico de la UP.

El refrán dice: “hay que predicar con el ejemplo” y en el deporte no es una excepción. En las familias donde los padres practican de manera frecuente la actividad física, es más fácil que los hijos se aficionen por alguna. El estímulo de ellos es fundamental, ya que lo realizan juntos y despierta el interés de los pequeños.

“Los principios de la teoría del aprendizaje social es que el ser humano aprende por observación. Tienen que mostrar con su conducta algo que quieres inculcar en los demás. Los niños adquieren conductas y comportamientos similares a los de sus papás”, advierte Marbán.Como parte de este aprendizaje, las actividades familiares pueden ser un buen principio para fomentar la actividad física en los pequeños, como andar en bicicleta, hacer caminatas o aquello que fomente el ejercicio aeróbico.

El especialista subraya que la mejor actividad física es la aeróbica, ya que es la que genera consumo de oxígeno por parte del cuerpo e impacta en la reducción de calorías, además de que ésta fortalece los sistemas cardiorrespiratorios.

A nivel sicológico y emocional, el deporte y la actividad física suelen segregar endorfinas, sustancias químicas que producen placer, un buen remedio para el estrés y la ansiedad.

“La salud física y mental se ven mejoradas, además de la dimensión social. Utilizamos el deporte como un medio para socializar y podemos decir que somos más felices. Es un buen medio para integrarse y hacer amigos”, concluye el sicólogo.

Los papás deben mantener un papel activo y estar concientes de las exigencias que conlleva la actividad física. Este apoyo se traduce en llevarlo en los entrenamientos, aunque demande tiempo y esfuerzo.

De igual manera, deben interesarse por la relación con su entrenador y compañeros de equipo, lo que conduce a que el pequeño refuerce su adición al grupo.

Es importante que los papás no impongan metas o creen expectativas de éxito en la actividad, ellos deben estar seguros de que el niño disfrute y no se aleje de las actividades escolares y familiares.

“Los padres deben restar valor al aspecto competitivo. Hay que inculcar el cuidado del cuerpo, por lo que hay que distinguir entre la actividad física (caminar, correr, escalar o ejercicio aeróbico) y el deporte (una actividad competitiva y reglamentada). No se puede ser el mejor siempre, hay que fomentar la competencia, que no siempre significa ganar.

“En este plano, si los padres se frustran porque su retoño no gana, para el hijo será peor”, aconseja el especialista.

Los tutores no deben esperar a que sus hijos cumplan sus sueños frustrados, si los obligan a hacer algo que no les gusta la consecuencia será que lo hagan por poco tiempo y sea una pérdida de tiempo.

“Debes otorgarles muchas ofertas y ver cuál es la que le gusta y quiere probar. Una vez que se identifiquen con una, hay que ayudarles a que tengan continuidad. Tampoco se trata de hacerlo todos y al final no hacer nada. Hay que inculcarle hábitos y comportamientos, y lo que ocurre cuando los obligas es que terminan odiándolo y no les sirve de mucho”, señala el especialista.

Infancia en movimiento

Los menores que no se ejercitan lo suficiente corren el riesgo de convertirse en adolescentes y adultos con síndrome metabólico

La actividad física durante la infancia puede evitar enfermedades cardíacas a lo largo de la vida. Para el doctor Robert McMurray, de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, los factores de las enfermedades del corazón, conocidas como síndrome metabólico en adolescentes, están directamente relacionados con la cantidad de ejercicio que se hace y la capacidad aeróbica que se tiene.

“Los niños de hoy viven una vida muy sedentaria y son propensos a la obesidad. Esto hay que prevenirlo lo antes posible”, dice el especialista.

En un estudio de McMurray, publicado por Dynamic Medicine, se manejó la necesidad de que padres y maestros incrementen la cantidad y frecuencia de ejercicio en los infantes.

Para llegar a estas conclusiones se trabajó con 400 niños participantes a los que se les midió a detalle una cantidad de factores físicos. Todos tenían entre siete y diez años de edad. Las mediciones y controles de la salud se volvieron a realizar siete años más tarde, cuando tenían entre 14 años y 17 años de edad.

A todos se les midió la actividad física habitual, aptitud aeróbica, índice de masa corporal, presión arterial y contenido de grasa en la sangre.

Después de esos siete años casi la mitad de los adolescentes controlados presentaban al menos una de las características del síndrome metabólico (diabetes, presión arterial alta, colesterol elevado, sobrepeso u obesidad) y el cinco por ciento había desarrollado el síndrome metabólico. Cabe recordar que aquellos que tenían estas características eran los que tuvieron los índices más bajos de actividad física.

Verónica Pesqueira http://www.exonline.com.mx 

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