El esfuerzo inversor que han realizado las administraciones públicas españolas en instalaciones deportivas en los últimos diez años es innegable. La mayoría de las comunidades autónomas aúnan inversiones anuales superiores a los doscientos millones de euros. Lo que significa del orden de dos mil millones de euros de inversión por comunidad en la última década. De hecho, en España se ha logrado un incremento de instalaciones deportivas públicas del 20% en este período. En este mismo sentido, la mayoría de municipios españoles cuentan con ratios de oferta de instalaciones deportivas excelentes. En muchos casos, estos implican un reparto de 400 o menos habitantes por instalación (aunque muchas de estas instalaciones tienen capacidad para más de 1.000 usuarios).
Sin embargo, paradójicamente, desde 1995 hasta ahora, el porcentaje de españoles que no practica ningún deporte se mantiene prácticamente inalterado en torno al 60% de la población. Y, aun más preocupante, el porcentaje de españoles que practica deporte en instalaciones deportivaspúblicas ha decrecido en un 4% en los últimos cinco años (García Ferrando,
catedrático de Sociología y autor de los estudios más relevantes sobrepráctica deportiva de los españoles desde 1995).
Además, otra muestra de retroceso es que en el último estudio sobre prácticadeportiva de los españoles, por primera vez desde que se iniciaran lasencuestas de hábitos deportivos en España, la práctica del deporte no seencuentre entre las diez actividades realizadas con mayor frecuencia. Pero,aun más decepcionante para los que firmamos este documento, es que Canarias,junto a otras dos comunidades, posee el dudoso honor de liderar elmencionado retroceso en la práctica deportiva. Por tanto, ¿para qué hanservido tantos millones de euros invertidos en instalaciones deportivas? ¿Esla inversión en instalaciones deportivas la solución a los bajos niveles deadherencia al ejercicio físico? Evidentemente, no.
Las inversiones en instalaciones deportivas públicas han sido el caminofácil, espectacular y, por qué no decirlo, electoralista, para justificaruna gestión deportiva que, a tenor de los resultados, ha sido peor que mediocre.
Por otro lado, sería absurdo estar en contra de la inversión pública en lapromoción del deporte. Pero la clave de una buena gestión es maximizar losresultados con unos recursos determinados. En este sentido, consideramos quese han cometido algunos errores importantes:
Primero, no se han planificado correctamente y de forma ajustada a lasdemandas sociales reales muchas de las inversiones en instalacionesdeportivas. Dándose situaciones de reiteración de la oferta de instalacionesy servicios ya cubiertos (ej. salas de fitness), mientras se dejabandesatendidas otras demandas y segmentos importantes de la población (ej.niños y adolescentes) ¿qué porcentaje de las instalaciones deportivaspúblicas han sido objeto, en su génesis, de un exhaustivo estudio deviabilidad?
Segundo, y más importante si cabe, se han invertido cantidades enormes enhardware (lo tangible, las instalaciones) y cantidades ínfimas en lo másimportante, el software (lo inmaterial, la cultura deportiva). En estesentido, cualquier deportista veterano reconoce que el que quiere entrenarlo hace aunque sea en un garaje, porque lo realmente importante es querer.
Vale la pena incidir en este segundo punto. Son numerosos los autores (entreotros Lagardera y Puig) que coinciden en que los motivos que conducen a lapráctica deportiva son una consecuencia lógica de una cultura deportiva.
Resulta significativo que el 71% de los que no hacen deporte es por falta deafición o formación. De hecho, según García Ferrando, “el abandono de lapráctica deportiva entre los jóvenes a edades cada vez más tempranas, seencuentra detrás del mediocre nivel, cuantitativamente hablando, de lapráctica deportiva en el ámbito nacional”.
Citando una vez más a García Ferrando, “respecto a las variablessociodemográficas que parecen incidir significativamente en los motivos deabandono, destaca la edad de una forma concreta y preocupante, ya que sonlos más jóvenes los que citan en mayor proporción que el resto, que eldeporte no les gusta. Y aun más, son también los más jóvenes los que citan,
como motivos de no práctica la pereza y desgana que sienten y que no le venutilidad. El resultado que más llama la atención y que tiene mayorsignificación sociológica para el argumento que venimos desarrollando es queel grupo de jóvenes de 15 a 24 años es el que en mayor proporción que elresto aduce los motivos de “no le gusta” y “por pereza y desgana”, como
justificación del hecho de no haber practicado deporte supuestamente másallá de las no muy numerosas clases de educación física que son obligatoriasen los planes de estudio de carácter escolar”.
Además, el 32 % de los padres españoles confirma que sus hijos no practicandeporte durante la semana fuera del colegio, y casi un 20% afirma que sushijos no dedican nada del tiempo de ocio a la actividad física.
Llegados a este punto, cabría preguntarse: ¿es posible crear una culturadeportiva con las dos horas semanales de Educación Física que contemplanuestro sistema educativo y que finalizan con el bachillerato (a los 18años)? ¿Qué se está haciendo desde las administraciones públicas para crearcultura deportiva en los niños y jóvenes? ¿Se están administrando correctamente los fondos públicos en materia de deporte? ¿Se limita el papelde los responsables de la gestión deportiva pública a invertir eninstalaciones deportivas?
Crear y desarrollar una auténtica cultura deportiva no es una tarea fácil.Exige estudio, planificación, recursos económicos, constancia. Pero. ¿paraqué si no les pagamos a los servidores públicos?
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