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	<title>EL BLOG DE EDUCACION FISICA &#187; Temas educativos</title>
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	<description>Toda la educación física de la red en una página</description>
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		<title>Los padres y la educación de los hijos</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Feb 2008 17:23:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Temas educativos]]></category>

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		<description><![CDATA[POR LA PRENSA diaria y otros medios de comunicación estamos advirtiendo un alarmante índice de violencia o conflictividad escolar. En una ambiente así es imposible cualquier tipo de aprendizaje. Y por supuesto influye de manera determinante en el fracaso escolar, del que tanto se habla y escribe. Según la agencia Efe, &#8220;el 87,3 % de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal">POR LA PRENSA diaria y otros medios de comunicación estamos advirtiendo un alarmante índice de violencia o conflictividad escolar. En una ambiente así es imposible cualquier tipo de aprendizaje. Y por supuesto influye de manera determinante en el fracaso escolar, del que tanto se habla y escribe. Según la agencia Efe, &#8220;el 87,3 % de los profesores de enseñanza obligatoria atribuyen los casos de estudiantes conflictivos a que en casa se les deja hacer todo lo que quieran, y sólo el 21,5 % creen que los padres dedican atención suficiente a las tareas escolares de los hijos&#8221;. Personalmente opino lo mismo, junto al siniestro &#8220;plan&#8221; de enseñanza, que merece una columna aparte.</p>
<p class="MsoNormal">No se trata de buscar culpables sino de dar soluciones. Y la posible solución tal vez esté en delimitar bien los ámbitos de competencia y de actuación de los padres y de los profesores, porque ambos tienen distintos campos de acción aunque complementarios para la educación de los chicos -cuando digo padres me refiero a la madre y al padre, lo mismo que cuando digo profesor o niño-. Unos y otros deben actuar en la misma dirección y sentido, en un ambiente de colaboración, respaldados por la Administración con disposiciones serias, eficaces y que contribuyan a fortalecer la tarea tanto del padre o de la madre como del profesor.</p>
<p class="MsoNormal">Pienso que los profesores deben tener una responsabilidad en todo lo relacionado con la instrucción y aprendizaje de los alumnos. En los aspectos técnicos de la enseñanza, como la determinación y secuenciación de los objetivos, contenidos y criterios de evaluación. De todo ello informan a los padres al comienzo de curso. Así como a los alumnos, de las dificultades de cada materia o de lo que les van a exigir y las estrategias para superarlas. Los profesores tienen o deben tener una legítima autonomía.</p>
<p class="MsoNormal">La tarea de los padres, propiamente dicha, es la educación del hijo como persona. Intentar fomentar y estimular todas las buenas cualidades que tenga el niño y corregir aquellas que no sean tan buenas; los padres tienen que corregir cuando sea necesario, y cuanto menos mejor, pero no pueden ser permisivos, ni temerosos. Tienen que ser exigentes y comprensivos; ejercer su autoridad, que es lo que les da seguridad a los hijos. Los niños tienen que sentirse muy queridos por sus padres, que no tiene nada que ver con estar mimados o consentidos.</p>
<p class="MsoNormal">Todo este quehacer como padres hay que empezarlo cuanto antes, de pequeñitos. &#8220;Los padres tienen que ir por delante para llegar a tiempo&#8221;, como dice José Ramón Ayllón -filósofo y escritor, que ha sido profesor de Filosofía y Literatura en secundaria durante quince años-. En educación, como en medicina, es mejor prevenir que curar. Hay que inculcar en los hijos unos valores o virtudes humanas -hábitos operativos buenos- para la convivencia escolar en un principio y, después, para la vida. Por ejemplo, la obediencia. No me refiero a la obediencia ciega, sino a la obediencia inteligente; un niño que no sabe obedecer es incapaz de aprender. El respeto. A un niño hay que enseñarle a respetar a los demás, porque, si no, no respeta &#8220;ni a su padre&#8221;; el padre, la madre o el profesor no pueden ser un &#8220;colega&#8221; un amiguete más: la educación no es ni debe ser una relación entre iguales. La solidaridad o generosidad para aprender a compartir con todos. La laboriosidad, saber distinguir el juego -aunque el juego es muy importante para el desarrollo del niño- del trabajo o tarea escolar; fomentar hábitos de trabajo, estudio, lectura. Eso de aprender jugando o sin esfuerzo no es cierto; ha sido la &#8220;moto&#8221; que han querido vender y éstas son las consecuencias. Aprender a distribuir el tiempo para ver la TV o Internet. La sobriedad, acostumbrarse a no tenerlo todo, etc. Hay libros muy buenos en este sentido, para educar en valores, virtudes humanas o sobre la televisión, el tutor del niño o de la niña siempre puede sugerir alguno.</p>
<p class="MsoNormal">Para no alargarme, dejo para otro día un tema de mucho interés: la relación padres-centro educativo o la entrevista con el tutor; es una colaboración clave y fundamental para el éxito escolar.</p>
<p class="MsoNormal">La educación de los hijos debe ser integral: física -la educación física y el deporte tienen mucha importancia-, intelectual -inteligencia, voluntad y afectividad- y espiritualidad. Estamos metidos en un hedonismo, en un materialismo y un relativismo a ultranza, lo que motiva muchas frustraciones, fracasos en los estudios y conductas violentas; porque se olvida la dimensión espiritual de la persona. Por ello, cada niño debiera ser educado en las creencias de sus padres; esto es un derecho inalienable de los padres, que tienen derecho a exigir. Para los no creyentes buscar otra alternativa digna. Los católicos, a que se les imparta clase de Religión a sus hijos. Es esencial para un niño o una niña que empiece a dar sentido a su vida.</p>
<p class="MsoNormal">Todo esto los padres lo pueden lograr, en palabras de Juan Pablo II, con el amor entre los padres -los chicos soportan muy mal la separación de sus padres, lo pasan fatal- con el amor a los hijos, con el ejemplo y con el diálogo</p>
<p class="MsoNormal">Francisco M. González * Orientador familiar</p>
<p><a href="mailto:fmgszy@terra.es">fmgszy@terra.es</a></p>
<p>Fuente: <a href="http://www.eldia.es/2008-02-08/criterios/criterios22.htm" target="_blank">http://www.eldia.es/</a></p>
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		<title>¿Qué aporta la competición?</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jan 2008 22:02:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Competición]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Temas educativos]]></category>

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		<description><![CDATA[Diversión y rigor en la competición El deporte de competición aporta a nuestros hijos una serie de aprendizajes positivos como por ejemplo: el trabajo en equipo y la perseverancia para conseguir unos objetivos, el control ante situaciones que consideramos injustas (un error arbitral, una falta desproporcionada, un insulto &#8230;), con respecto a los otros, la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://es-es.fxfeeds.mozilla.com/es-ES/firefox/headlines.xml"></a><strong><span style="font-size: 10pt; font-family: 'Arial','sans-serif'">Diversión y rigor en la competición</span></strong><span style="font-size: 10pt"><o:p></o:p></span></p>
<p class="MsoNormal">El deporte de competición aporta a nuestros hijos una serie de aprendizajes positivos como por ejemplo: el trabajo en equipo y la perseverancia para conseguir unos objetivos, el control ante situaciones que consideramos injustas (un error arbitral, una falta desproporcionada, un insulto &#8230;), con respecto a los otros, la solidaridad con los compañeros, el conocimiento de los propios límites y la asunción de un rol, la concentración, el afán de superación, la disciplina individual y de grupo, los hábitos higiénicos y de salud, el aprender a ganar y a perder &#8230; Además, se hacen buenos amigos y, en épocas de exámenes, el entrenamiento es una excelente válvula de escape.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">Pero cuando nos planteamos que nuestro hijo/a participe en un deporte que incluye competición lo más importante es que valoremos si la actividad que realizará hará que se divierta, sin olvidar que se tendrá que tomar los entrenamientos y los partidos con una dosis añadida de seriedad.</p>
<p class="MsoNormal">
Antes de la final de París, Frank Rijkaard, todo un filósofo del mundo del deporte, decía una frase que, desde mi punto de vista, es muy acertada: &#8220;el fútbol es un juego serio&#8221;. La verdad es que nadie diría que una frase tan corta pueda decir tanto y que, es más, pueda conseguir que los que nos dedicamos en el difícil mundo del entrenamiento de juegos colectivos de competición reflexionamos un poco sobre qué quería decir.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">El fútbol, y en mi caso el baloncesto, está claro que son juegos, juegos reglamentados, y lo primero que busca un juego es divertir. Nadie se puede imaginar que a un niño/a le guste jugar a algo en lo que no se divierta y es seguro que quien compite y no disfruta entrenando está vertido al abandono del deporte escogido e, indirectamente, al fracaso deportivo.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">Una persona que se divierte entrenando y compitiendo optimizará al máximo su rendimiento, esperará con ganas el próximo entrenamiento, faltará poco a entrenar, estará más atento, se esforzará al máximo y valorará su progreso en forma de más motivación. Podemos concluir que divertirse y progresar van juntos y cogidos de <st1:personname productid="la mano. Como" w:st="on">la mano. Como</st1:personname> mínimo podemos deducir que quien se divierte entrenando, mejorará más que el que no lo hace.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">Y de aquí no hay que ser una gran lumbrera para extraer la conclusión que todo entrenador tiene que conseguir que sus jugadores disfruten de lo que están haciendo, y que eso indirectamente hará que aumente de forma significativa el rendimiento general del equipo.</p>
<p class="MsoNormal">
<strong>UN JUEGO SERIO</strong></p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">Pero Rijkaard dijo también una palabra clave inmediatamente después de la palabra juego: &#8220;&#8230;serio&#8221;, y esta palabra se convierte en vital para diferenciar un deporte colectivo de competición de un juego en el cual cualquier niño puede jugar con sus amigos.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">De aquí deduzco que lo que quería decirnos este gran maestro es que divertirse no está reñido con trabajar el deporte en cuestión con el máximo rigor. Que el juego se convierta en serio tendrá mucha culpa el entrenador/a. Hace falta que se prepare los entrenamientos y programe las temporadas, que estudie a los rivales si el equipo ya tiene un cierto nivel, que exija la máxima puntualidad a los entrenamientos y la máxima concentración, que sepa escoger los mejores sistemas tácticos&#8230;</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">No obstante, de todo eso también es responsable el jugador/a porque si se queda sólo con la palabra juego y obvia totalmente la palabra serio tomándose el entrenamiento como un juego en el patio de la escuela, puede tener problemas en la mayoría de equipos de competición que quieran, en el margen de divertir, enseñar, educar y progresar.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">También hay que recordar que en el proceso de aprendizaje de cualquier deporte -y para que éste se convierta en serio- además del entrenador y el jugador, nos hace falta la colaboración y la implicación de los padres y el convencimiento de que su hijo/a está practicando un juego serio.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">Y para acabar, el último elemento que hará que todo el proceso funcione a la perfección teniendo como base un jugador responsable, unos padres implicados y un entrenador formado y competente, será el apoyo que dé la entidad deportiva a este proyecto. Encontrar entidades que soporten la presión de los entrenadores que sólo quieren ganar a todo precio para hacer una &#8220;carrera deportiva&#8221; ascendente y rápida, entidades que soporten la presión de los padres que confunden la competición con los juegos en el patio o en el centro recreativo, entidades que sus dirigentes piensen que el deporte de competición es mucho más que un simple divertimento&#8230; es realmente difícil. Pero cuando todos estos elementos se mezclan mágicamente como un gran cóctel, todo el mundo se divierte y es feliz viendo el progreso del jugador y del equipo en cuestión.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">Todo el mundo recuerda cómo se divertía el &#8220;dream team&#8221; jugando, todos tenemos en la mente la cara de felicidad de Ronaldinho mientras lideraba el &#8220;samba team&#8221;, pero seguro que tanto Cruyff como Rijkaart saben que para divertirse se tiene que trabajar, porque el fútbol, como el baloncesto &#8220;es un juego muy serio&#8221;.</p>
<p class="MsoNormal">&nbsp;</p>
<p class="MsoNormal">DANI JOSÉ, entrenador nacional de baloncesto.<br />
<a href="mailto:danij@ec.claror.net" title="mailto:danij@ec.claror.net">danij@ec.claror.net</a></p>
<p><a href="http://es-es.fxfeeds.mozilla.com/es-ES/firefox/headlines.xml"> </a></p>
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		<title>Educar desde la coherencia</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jan 2008 19:01:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me gustaría que mis padres, y que usted mismo, supieran ponerse más a mi nivel (el que remarcaba esas palabras con seriedad pero con desenvoltura era Daniel, un alumno de diecisiete años resuelto y reflexivo, al comienzo de la primera sesión de tutoría del curso. Me molesta que los adultos hablen siempre con tanta seguridad, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font>Me gustaría que mis padres, y que usted mismo, supieran ponerse más a mi  nivel (el que remarcaba esas palabras con seriedad pero con desenvoltura era  Daniel, un alumno de diecisiete años resuelto y reflexivo, al comienzo de la  primera sesión de tutoría del curso.</font></p>
<p><font>Me molesta que los adultos hablen siempre con tanta seguridad, que adopten  siempre la posición de expertos conocedores de todo. Se lo digo a usted desde el  principio, y no para ofender, de verdad. Me gustaría que los adultos se bajaran  un poco de su pedestal, que no se dirigieran a la gente joven siempre dando  órdenes o consejos.</font></p>
<p><font>Sólo pido que nos escuchen de vez en cuando, que admitan al menos que también  podemos tener ideas inteligentes, que se nos reconozca un plano de cierta  igualdad, que nos hablen con más franqueza. Aunque no lo parezca, nos fijamos  bastante en ellos, más de lo que se creen. Lo que me gustaría es que sus  reflexiones no fueran siempre como consejos encubiertos, y que procuraran  hacerse cargo de lo que realmente nos sucede.»</font></p>
<p><font>Aquella conversación con Daniel me recordaba lo que escribió Romano Guardini:  el factor más eficaz para educar es cómo es el educador; el segundo, lo que  hace; el tercero, lo que dice. Son importantes los consejos que se dan, o las  cosas que se mandan, pero mucho antes está lo que se hace, los modelos que  presentan, las cosas se valoran, cómo unos y otros se relacionan entre sí. Y hay  personas que en esto son auténticos maestros, mientras que otros, por el  contrario, son un verdadero desastre.</font></p>
<p><font>La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional. El modo en  que los padres tratan a sus hijos (ya sea con una disciplina estricta o con un  desorden notable, con exceso de control o con indiferencia, de modo cordial o  brusco, confiado o desconfiado, etc.), tiene unas consecuencias profundas y  duraderas en la vida emocional de los hijos, que captan con gran agudeza hasta  lo más sutil.</font></p>
<p><font>Algunos padres, por ejemplo, ignoran habitualmente los sentimientos de sus  hijos, por considerarlos algo de poca importancia, y con esa actitud  desaprovechan excelentes oportunidades para educarles.</font></p>
<p><font>Otros padres se dan más cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero su  interés suele reducirse a lograr, por ejemplo, que su hijo deje de estar triste,  o nervioso, o enfadado, y recurren a cualquier medio (incluido el premio  material inmerecido o inadecuado, y a veces hasta el engaño o el castigo  físico), pero rara vez intervienen de modo inteligente para dar una solución que  vaya a la raíz del problema.</font></p>
<p><font>Otro tipo de padres, de carácter más autoritario e impaciente, suelen ser  desaprobadores, propensos a elevar el tono de voz ante el menor contratiempo.  Son de esos que descalifican rápidamente a sus hijos, y saltan con un «¡No me  contestes!» cuando su hijo intenta explicarse. Es difícil que logren el clima de  confianza que exige una correcta educación de los sentimientos.</font></p>
<p><font>Hay, por fortuna, muchos otros padres que se toman más en serio los  sentimientos de sus hijos, y procuran conocerlos bien, y aprovechar sus  problemas emocionales para educarles. Son padres que se esfuerzan por crear un  cauce de confianza que facilite la confidencia y el desahogo. Y saben hablar en  ese plano de igualdad al que se refería aquel alumno mío: se dan cuenta de que  con el simple fluir de las palabras se alivia ya mucho el corazón de quien  sufre, pues exteriorizar los sentimientos y hablar sobre ellos con alguien que  esté dispuesto a escuchar y a comprender, es siempre de gran valor educativo.  Manifestar los propios sentimientos en una conversación confiada es una  excelente medicina sentimental.</font></p>
<p><font>Los niños que proceden de hogares demasiado fríos o descuidados desarrollan  con más facilidad actitudes derrotistas ante la vida. Si los padres son  inmaduros o imprevisibles, crónicamente tristes o enfadados, o simplemente  personas distantes o sin apenas objetivos vitales, o con vida caótica, será  difícil que conecten con los sentimientos de sus hijos, y el aprendizaje  emocional será forzosamente deficiente.</font></p>
<p><font>Padres imprevisibles son aquellos que tratan a sus hijos de manera  arbitraria. Quizá cuando están de mal humor los maltratan, pero si están de buen  humor les dejan escapar de sus deberes o su responsabilidad en medio del caos; y  así está claro que será difícil que logren nada.</font></p>
<p><font>Si el reproche o la aprobación pueden presentarse indistintamente en  cualquier momento y lugar, dependiendo de si les duele la cabeza o no, o si esa  noche han dormido bien o mal, o si su equipo de fútbol ha ganado o perdido el  último partido, de esa manera se crea en el hijo un profundo sentimiento de  impotencia, de inutilidad de hacer las cosas bien, puesto que las consecuencias  serán difícilmente predecibles. Por eso suelen fracasar aquellos padres que  alternan imprevisiblemente el exceso de benignidad con el de severidad.</font></p>
<p><font><br />
Por Alfonso Aguiló, Hacer Familia nº 87, V.01<br />
<a href="http://www.interrogantes.net/" title="http://www.interrogantes.net/">www.interrogantes.<wbr title="http://www.interrogantes.net/"></wbr>net</a></font></p>
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		<title>¿Cómo y cuándo enseñar Responsabilidad?</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Jan 2008 18:58:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Responsabilidad Inculcar en los niños el valor de la responsabilidad es darles el mejor regalo de parte de sus padres y educadores. Esta virtud les dará la capacidad de cuidar de sí mismos y ser adultos responsables en su vida futura. Pero muchos padres se preguntarán: ¿Qué edad debe tener un niño para empezar a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font><strong>Responsabilidad</strong></font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>Inculcar en los niños el valor de  la responsabilidad es darles el mejor regalo de parte de sus padres y  educadores. Esta virtud les dará la capacidad de cuidar de sí mismos y ser  adultos responsables en su vida futura. </font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>Pero muchos padres se  preguntarán: ¿Qué edad debe tener un niño para empezar a educar su sentido de la  responsabilidad? La respuesta es: lo más pronto posible. En cuanto un bebé  empieza a gatear, a manipular objetos pequeños y a entender cosas sencillas del  lenguaje hablado, se le debe enseñar a que recoja sus juguetes o a que no toque  ciertos adornos de la casa.</p>
<p>A medida que el niño va  creciendo y de acuerdo a sus capacidades, se le debe desarrollar la sensación de  poder, para que se pueda apropiar de sí mismo. Esto le dará confianza suficiente  para desarrollar las tareas que le son asignadas. En la medida en que aumenta su  grado de capacitación y habilidades, serán necesarias nuevas  responsabilidades.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font><strong>Responsable no es lo  mismo que obediente</strong></p>
<p>Muchas veces se confunde  responsabilidad con obediencia. Los padres y maestros que constantemente dan  órdenes a los niños, contemplando con satisfacción cómo éstos las ejecutan, no  necesariamente están enseñándoles a ser responsables. Los niños actúan de manera  responsable cuando se comportan adecuadamente sin que haya que recordárselos una  y otra vez.</p>
<p>Según los autores Harris  Clemes y Reynold Bean, un niño es responsable si:</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font><br />
* Realiza sus tareas en el  hogar y el colegio sin que haya que recordárselo en todo momento.<br />
* Puede  razonar lo que hace.<br />
* No echa la culpa a los demás sistemáticamente.<br />
* Es  capaz de escoger entre diferentes alternativas.<br />
* Puede jugar y trabajar a  solas sin angustias.<br />
* Puede tomar decisiones que difieren de las que otros  niños toman en el grupo en que se mueven.<br />
* Respeta y reconoce los límites  impuestos por los padres y profesores sin discusiones inútiles.<br />
* Puede  concentrar su atención en tareas complicadas (según su edad) durante cierto  tiempo sin    llegar a situaciones de frustración.<br />
* Lleva a cabo lo que dice  que va a hacer.<br />
* Reconoce sus errores y trata de corregirlos sin armar un  lío.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font><strong>La importancia de las  normas</strong></font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>Para inculcar la responsabilidad  en los niños es primordial que en el hogar se establezcan normas y reglas  claras. De lo contrario les resultará difícil practicar la autodisciplina  necesaria para controlar su propio comportamiento. Se sentirán confundidos y no  sabrán exactamente cómo seguir las directrices que se les dan. Si los niños no  tienen claro qué esperan sus padres de ellos, o no saben cuáles son sus deberes,  no podrán educarse en el valor de la responsabilidad. Padres y educadores deben  no solo establecer normas de la manera adecuada según la edad de cada niño, sino  explicar cuáles son las consecuencias por transgredirlas.</p>
<p>Los autores del libro “Cómo  enseñar a su hijo a ser responsable” aseguran que los niños a quienes no se les  dan deberes en el hogar desde la primera infancia, carecerán de habilidad para  organizarse, para fijarse objetivos y llevar a cabo tareas complejas a lo largo  de su infancia y adolescencia.</p>
<p>Sin embargo es fundamental  que los padres tengan en cuenta tres reglas al asignar responsabilidades a los  hijos para que ellos interioricen este valor:</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font><em>1. Sea  coherente</em><br />
Cuando una norma no se cumple, se debe dar un suave castigo.  Esto tiene sobre el niño más efecto a largo plazo que una actitud incoherente  con un castigo severo. La coherencia es una manera de demostrar a los hijos que  se está pendiente de su comportamiento.<br />
Al ser coherentes padres y maestros,  los niños se sienten más seguros y saben a qué atenerse s no cumplen las normas  y responsabilidades. Si no hay coherencia, los chicos sienten ansiedad porque no  son capaces de predecir lo que puede suceder.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font><em>2. No sea  arbitrario</em><br />
No ser arbitrario significa que padres o educadores hacen  algo diferente a lo que habían dicho, o hacen algo sobre lo que no habían  advertido al niño. Un acto inesperado del padre ante una responsabilidad no  cumplida, aumenta el miedo y la frustración del niño.<br />
Para evitar ser  arbitrario, padres y maestros deben aclarar lo que esperan del niño, comunicarle  esas expectativas de forma sencilla y directa y concretar cuáles son las  consecuencias si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font><em>3. Dé recompensas por ser  responsable</em><br />
Esta es una manera de estimular a los niños a comportarse  adecuadamente. Ello no significa necesariamente regalos materiales, sino  reconocimientos pequeños que reafirmarán en el niño la satisfacción de la labor  cumplida. Además de las recompenses materiales, hay cosas como el tiempo, la  atención la preocupación, la simpatía y la buena voluntad que también son  recompensa. Un cuento más a la hora de dormir, una ida a cine, un helado, un  abrazo fuerte son manifestaciones que alientan al niño a decir: “¡vale la pena  ser responsable!”<wbr></wbr>.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font><strong>El  aprendizaje</strong></font></p>
<p><font></font><font>Uno de los aspectos básicos  de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: &#8220;¿Quién es el  responsable de acordarse de las cosas?&#8221;</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>Los niños pueden saber hacer  las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la  responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios  que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño  crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>1. Escriba las cosas y colóquelas  en lugar visible.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>2. No les recuerde las cosas a  los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las  cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan  a depender.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>3. Establezca costumbres lo más  regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se  incrementa la capacidad de recordar de los niños.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>4. No le dé miedo castigar al  niño que se &#8220;olvida&#8221;.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>5. Acuérdese de lo que usted ha  dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso  para hacer lo mismo.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>6. Una vez que a los niños se les  ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar  la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas.</font></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><font>Fuente: <a href="http://www.intisana.com/" title="http://www.intisana.com/">www.intisana.<wbr title="http://www.intisana.com/"></wbr>com</a></font></p>
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